FUGACIDADES (I-XXV)
I
Acontezca
lo que acontezca,
ocurra
lo que ocurra,
suceda
lo que suceda,
el
azar nada hizo.
II
Todos los sueños del mundo
caben en una caja de cerillas.
III
No siempre funcionan.
Los ratos mágicos surgen,
resurgen,
sin orden ni concierto.
IV
Allí,
donde confluyen
nuestros inconfesables
sentimientos,
reina ahora un vacío atronador.
V
Quien
quiera que fuese
no
lo pensó dos veces:
colocó
las galaxias,
los
astros y las estrellitas;
empezó
a mover piezas
y
a jugar consigo mismo.
Quien
quiera que fuese
no
lo pensó dos veces:
a
la segunda hubiera desistido.
VI
El filósofo busca la palabra
oculta
que le lleve a la verdad;
el poeta busca la verdad oculta
que lleva la palabra.
VII
El rey Momo se afeita
enjabonándose con las nubes;
los rayos rasuran su barba
y la lluvia tonifica su cara.
VIII
A menudo decimos algo,
emitimos algún sonido.
A menudo, tras decir algo,
el silencio nos desautoriza.
IX
La brisa
baila con las olas
mientras el
Sol guiña a
X
Adiós
es solo eso,
adiós.
Ahora
¡ah, amigo!,
eso lo es todo.
XI
No es que no te deje entrar en mi mundo;
es que perdí
la llave.
XII
¡Hay que ver
cómo pasa el tiempo!:
la precisión
de las profecías,
la
puntualidad de los acontecimientos…
El Futuro
está escrito,
XIII
Ya no podrás
usar
tus
artilugios de seducción;
no tendrás
más remedio que ser tú,
si quieres
que seamos uno.
XIV
Ven cuando
puedas mirarme cara a cara.
No me
acompañes en mi entierro,
no podré
verte.
XV
Han
enmudecido de pronto los ecos,
presentimiento
de un peligro invisible,
y las formas
etéreas se han instalado
ocupando
todos los espacios posibles.
XVI
Hoy,
ineludiblemente
hoy,
soy.
XVII
Mientras
tejes la tela de araña,
yo me
sumerjo en tus sueños.
XVIII
Ya se han
ido.
Ya se han
ido los oscuros laberintos.
La claridad
inapelable avanza.
¿Estaremos
aún a tiempo de renacer?
Es preciso
desterrar llantos,
llamar al
fuego invisible
que en otro
tiempo nos acogió.
XIX
El
milagro ocurrió ayer mismo,
pero
parece que fue hace una eternidad:
A
eso del amanecer, amaneció;
y luego, al
atardecer, llegó la oscuridad.
XX
La cereza
envenenada estaba en el frutero.
El rey,
abstraído en
la contemplación de la dama,
atrapó un
gajo y se lo llevó a la boca,
pero fue la
dama
quién se
desplomó repentinamente.
XXI
Todos los
ritos prosaicos son, en suma,
destellos
súbitos de la ignominiosa ignorancia.
XXII
Supimos
componer el rompecabezas,
pero nunca
logramos descomponerlo.
XXIII
Si
recogiéramos todos los murmullos
de todos los
muertos
de toda
de todos los
mundos
y los mezcláramos en la mesa de grabación,
oiríamos solo el llanto de un hombre solo.
XXIV
Florezco
cada año, pero no en primavera;
me
eclipso cada mes, pero no con la luna;
sueño
cada día, pero nunca por las noches.
Adivina,
adivinanza:
Simplemente
soy un transeúnte,
o,
lo que es lo mismo,
una quebrada esperanza.
XXV
Una de las veces
que acudas a la consulta del
psiquiatra
descubrirás su secreto:



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